Salta, Argentina, valle de Cafayate
Salta, Argentina: belleza y buenos vinos en Cafayate. Cerca de Cafayate, en el norte argentino, la zona de Animaná, San Carlos y Tolombón proponen paisajes cordilleranos, buen clima y mejores vinos.
El tiempo no pasa en Cafayate. Pero algo cambia, al amparo de los bares y restaurantes de la plaza que, con mesas en las veredas, invitan a disfrutar del impagable sol de los Valles Calchaquíes. Como si fuera poco, las nuevas cavas y bodegas la convierten en el centro de este polo vitivinícola, punto de partida de la Ruta del Vino, que se extiende hasta Cachi y Payogasta.
Pero la zona ofrece, además de vinos, otros atractivos, especialmente en los pueblos aledaños, que con su pacífico clima y sus personajes encantadores llaman a perderse en las callecitas, tanto como la vista se regodea en el siempre presente paisaje del valle sobre un horizonte de cerros.
DOS OPCIONES
En el camino a Santa María, en Catamarca, aparece Animaná (lugar cerca del cielo, en lengua indígena), un antiguo poblado viñatero a 1695 metros de altura. Cerca, las artesanas hacen magia con la cestería. El lugar, que en el siglo XVIII tuvo gran auge por ser un importante sitio de paso, es hoy un caserío disperso a los costados de la ruta 40, especialmente reconocido por los preciados vinos pateros caseros de edición limitada, salidos de pequeñas bodegas familiares como La Bodeguita, La Abuela y Bodega Martínez.
La Bodeguita fue fundada por Andrés Martínez en 1928 y sus vinos fueron galardonados con el Premio Olimpia 200 en el rubro artesanal. Al frente del negocio, un simpático sitio atestado de productos de la zona, está Juan de la Cruz, el hijo del fundador, que ofrece degustaciones. Cerca de allí también se pueden visitar las dos nuevas bodegas de vinos premium: Animaná y José Luis Mounnier.
Los alrededores de la zona son una verdadera belleza, y a pocos kilómetros aparecen deliciosos caseríos como San Antonio y Corralitos, con comunidades de agricultores dedicados a producir frutas secas, dulces caseros y fragantes pimientos rojos.
Un paisaje digno de Jurassic Park.
Tierra roja para formas inverosímiles, formadas por siglos y siglos de erosión. A unos 10 kilómetros está San Carlos, que recibe al visitante con su estilo colonial, casas de adobe y esquinas de madera con postigones. Eso fue territorio de los calchaquíes y después de los jesuitas, que en el siglo XVII levantaron la primera misión con una capilla dedicada a San Carlos Borromeo.
Casi dos siglos más tarde, se convirtió en la espléndida iglesia que corona la plaza. También de adobe, con gruesas puertas de madera maciza tallada, crucero y cúpula, vale la pena visitar el interior, donde se conservan bellas imágenes. La hostería es un buen lugar para tomar un café y disfrutar de la bonhomía del pueblo, dentro de un panorama que parece detenido en el tiempo.
“Me llena el corazón”, dice de San Carlos un joven alemán llamado Werner, mientras pasea por el lugar. Como tantos europeos eligió este pueblo por el clima seco, para vivir en una lindísima casa de adobe rosado que acaba de comprar.
Otra precursora del lugar es Martina, una arquitecta suiza que, entre otras obras que construyó en la provincia, hizo suyo el sueño del proyecto propio, La Casa de los Vientos, el cálido y confortable hotelito donde relucen materiales de la zona en su estructura y decoración, inmejorable lugar para instalarse y disfrutar de la paz reinante, que se adivina en las callecitas de tierra.
Para hacer vida de campo en serio, hay que llegar hasta La Vaca Tranquila, el establecimiento que la pareja belga formada por Ana y Alain lleva adelante. Está en las afueras de San Carlos, y en este lugar se advierte un estilo rústico, visible en la casa principal, equipada con todo confort en las seis habitaciones con calefacción de leña e hidromasaje.
Complementa el sitio la finca Buena Vista, de donde salen los ricos quesos artesanales de cabra y vaca que se prueban en un buen desayuno casero. El complejo, con varias construcciones, tiene piscina y un quincho con el infaltable horno de barro, donde los pasajeros pueden hacer sus asados. Ana aclara que su propuesta es disfrutar al máximo de programas al aire libre, como caminatas y cabalgatas. Cuenta con corrales donde la caballada descansa antes de emprender los paseos.
Junto a las nuevas bodegas, se suman en Cafayate últimamente nuevos centros de degustación, a no más de un dos cuadras de la plaza principal. En algunos invitan las bodegas y en otros puede costar entre $ 15 y $ 25 por persona. Están los de Etchart y Domingo Hermanos, todo un clásico, y el precursor El Porvenir de los Andes.
Entre las novedades, la bodega El Tránsito, con decoración despojada y cuidada, donde se pueden degustar sus vinos; también, el sitio de la Bodega Nanni, con una ambientación de neto estilo cafayateño. Pequeño y sencillo, el espacio de Salvador Chavo Figueroa invita a probar sus vinos mientras el dueño cuenta las bondades de cada uno.
Fuera del centro, camino a El Divisadero, se encuentra Viñas de Cafayate, encantador wine-resort con una elegante cava para catar junto a pequeños amusebouche con productos de la región, salidos de las manos de Carlos Amante, chef que también se luce en El Terruño, cálido restaurante frente a la plaza.
TOLOMBÓN
En el sentido opuesto, camino a Cachi por la ruta 40, a 10 kilómetros aparece Tolombón, un pueblito con historia. Ahí vivieron calchaquíes, diaguitas y tolombones, que dejaron sus huellas en las ruinas que se pueden ver en la cercana Sierra del Cajón.
Considerada hoy el mayor descubrimiento arqueológico de la zona, sobre la ladera del cerro y envuelto en una vegetación enmarañada, se encuentran vestigios de la que fue en épocas prehispánicas la capital política de las naciones calchaquíes. Es toda una aventura internarse entre los restos de casas y corrales hasta llegar al pucará. El pueblo en sí es apenas un caserío, con su iglesita y viviendas dispersas, sumergido en un tapiz de viñedos que dominan el paisaje.
Muy pronto se divisa Altalaluna, el hotel-posada boutique. Ahí, sobre la antigua sala conocida como La Armonía, que perteneció a la familia Michel Torino, se construyó con todo el confort imaginable. Con un inmenso y centenario algarrobo, que le da a la construcción un toque escenográfico, el hotel conserva el estilo colonial de sus orígenes, y en sus amplios espacios interiores ofrece habitaciones con terrazas particulares y jacuzzi.
CÓMO LLEGAR
Siempre por la ruta 40, hacia el norte, Animaná y San Carlos quedan a 15 y 24 kilómetros de Cafayate, respectivamente; Tolombón está a 12 kilómetros, pero hacia el Sur
Donde dormir:
• La Vaca Tranquila
Estadas, desde $ 170 por día, con desayuno incluido
• La Casa de los Vientos
Alojamiento, desde $ 80 por día con desayuno
• Altalaluna
Paquetes de tres días y dos noches con desayuno desde $ 650
Pero la zona ofrece, además de vinos, otros atractivos, especialmente en los pueblos aledaños, que con su pacífico clima y sus personajes encantadores llaman a perderse en las callecitas, tanto como la vista se regodea en el siempre presente paisaje del valle sobre un horizonte de cerros.
DOS OPCIONES
En el camino a Santa María, en Catamarca, aparece Animaná (lugar cerca del cielo, en lengua indígena), un antiguo poblado viñatero a 1695 metros de altura. Cerca, las artesanas hacen magia con la cestería. El lugar, que en el siglo XVIII tuvo gran auge por ser un importante sitio de paso, es hoy un caserío disperso a los costados de la ruta 40, especialmente reconocido por los preciados vinos pateros caseros de edición limitada, salidos de pequeñas bodegas familiares como La Bodeguita, La Abuela y Bodega Martínez.
La Bodeguita fue fundada por Andrés Martínez en 1928 y sus vinos fueron galardonados con el Premio Olimpia 200 en el rubro artesanal. Al frente del negocio, un simpático sitio atestado de productos de la zona, está Juan de la Cruz, el hijo del fundador, que ofrece degustaciones. Cerca de allí también se pueden visitar las dos nuevas bodegas de vinos premium: Animaná y José Luis Mounnier.
Los alrededores de la zona son una verdadera belleza, y a pocos kilómetros aparecen deliciosos caseríos como San Antonio y Corralitos, con comunidades de agricultores dedicados a producir frutas secas, dulces caseros y fragantes pimientos rojos.
Un paisaje digno de Jurassic Park.
Tierra roja para formas inverosímiles, formadas por siglos y siglos de erosión. A unos 10 kilómetros está San Carlos, que recibe al visitante con su estilo colonial, casas de adobe y esquinas de madera con postigones. Eso fue territorio de los calchaquíes y después de los jesuitas, que en el siglo XVII levantaron la primera misión con una capilla dedicada a San Carlos Borromeo.
Casi dos siglos más tarde, se convirtió en la espléndida iglesia que corona la plaza. También de adobe, con gruesas puertas de madera maciza tallada, crucero y cúpula, vale la pena visitar el interior, donde se conservan bellas imágenes. La hostería es un buen lugar para tomar un café y disfrutar de la bonhomía del pueblo, dentro de un panorama que parece detenido en el tiempo.
“Me llena el corazón”, dice de San Carlos un joven alemán llamado Werner, mientras pasea por el lugar. Como tantos europeos eligió este pueblo por el clima seco, para vivir en una lindísima casa de adobe rosado que acaba de comprar.
Otra precursora del lugar es Martina, una arquitecta suiza que, entre otras obras que construyó en la provincia, hizo suyo el sueño del proyecto propio, La Casa de los Vientos, el cálido y confortable hotelito donde relucen materiales de la zona en su estructura y decoración, inmejorable lugar para instalarse y disfrutar de la paz reinante, que se adivina en las callecitas de tierra.
Para hacer vida de campo en serio, hay que llegar hasta La Vaca Tranquila, el establecimiento que la pareja belga formada por Ana y Alain lleva adelante. Está en las afueras de San Carlos, y en este lugar se advierte un estilo rústico, visible en la casa principal, equipada con todo confort en las seis habitaciones con calefacción de leña e hidromasaje.
Complementa el sitio la finca Buena Vista, de donde salen los ricos quesos artesanales de cabra y vaca que se prueban en un buen desayuno casero. El complejo, con varias construcciones, tiene piscina y un quincho con el infaltable horno de barro, donde los pasajeros pueden hacer sus asados. Ana aclara que su propuesta es disfrutar al máximo de programas al aire libre, como caminatas y cabalgatas. Cuenta con corrales donde la caballada descansa antes de emprender los paseos.
Junto a las nuevas bodegas, se suman en Cafayate últimamente nuevos centros de degustación, a no más de un dos cuadras de la plaza principal. En algunos invitan las bodegas y en otros puede costar entre $ 15 y $ 25 por persona. Están los de Etchart y Domingo Hermanos, todo un clásico, y el precursor El Porvenir de los Andes.
Entre las novedades, la bodega El Tránsito, con decoración despojada y cuidada, donde se pueden degustar sus vinos; también, el sitio de la Bodega Nanni, con una ambientación de neto estilo cafayateño. Pequeño y sencillo, el espacio de Salvador Chavo Figueroa invita a probar sus vinos mientras el dueño cuenta las bondades de cada uno.
Fuera del centro, camino a El Divisadero, se encuentra Viñas de Cafayate, encantador wine-resort con una elegante cava para catar junto a pequeños amusebouche con productos de la región, salidos de las manos de Carlos Amante, chef que también se luce en El Terruño, cálido restaurante frente a la plaza.
TOLOMBÓN
En el sentido opuesto, camino a Cachi por la ruta 40, a 10 kilómetros aparece Tolombón, un pueblito con historia. Ahí vivieron calchaquíes, diaguitas y tolombones, que dejaron sus huellas en las ruinas que se pueden ver en la cercana Sierra del Cajón.
Considerada hoy el mayor descubrimiento arqueológico de la zona, sobre la ladera del cerro y envuelto en una vegetación enmarañada, se encuentran vestigios de la que fue en épocas prehispánicas la capital política de las naciones calchaquíes. Es toda una aventura internarse entre los restos de casas y corrales hasta llegar al pucará. El pueblo en sí es apenas un caserío, con su iglesita y viviendas dispersas, sumergido en un tapiz de viñedos que dominan el paisaje.
Muy pronto se divisa Altalaluna, el hotel-posada boutique. Ahí, sobre la antigua sala conocida como La Armonía, que perteneció a la familia Michel Torino, se construyó con todo el confort imaginable. Con un inmenso y centenario algarrobo, que le da a la construcción un toque escenográfico, el hotel conserva el estilo colonial de sus orígenes, y en sus amplios espacios interiores ofrece habitaciones con terrazas particulares y jacuzzi.
CÓMO LLEGAR
Siempre por la ruta 40, hacia el norte, Animaná y San Carlos quedan a 15 y 24 kilómetros de Cafayate, respectivamente; Tolombón está a 12 kilómetros, pero hacia el Sur
Donde dormir:
• La Vaca Tranquila
Estadas, desde $ 170 por día, con desayuno incluido
• La Casa de los Vientos
Alojamiento, desde $ 80 por día con desayuno
• Altalaluna
Paquetes de tres días y dos noches con desayuno desde $ 650